Gimnasios llenos de nuevos leguins y camisetas técnicas y academias de idiomas a rebosar.
Gente paseando y bicis por todas las ciudades con más coches que de costumbre aparcados sin moverse.
Estanterías de verduras semivacías en los supermercados y la Casa del Libro que no da abasto a mandar los pedidos.
Y todo esto ¿para qué?.
Para tener unas agujetas de principio de año más dolorosas que la resaca de año nuevo, pero eso sí ya puedes quejarte en inglés con un fu*k que ya habías aprendido viendo Netflix pero que en la academia te ha salido a 50€ la letra.
Comerte el frío andando de camino al trabajo y ver que la bicicleta, además de un peligro, es el mejor reclamo de los amigos de lo ajeno.
Ver en tu nevera como es el ciclo de la vida de un tomate y su amiga lechuga y por fin darte cuenta que los libros son el mejor imán de polvo y ácaros.
Y por si fuera poco todo esto, hasta que comience abril vamos a seguir poniendo mal el maldito año cuando escribamos la fecha...

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